Bates Motel

Posted by on mar 25, 2013 in Pilotos, Reviews, Últimos estrenos | 0 comments

Cuando te sientas a escribir sobre algo en lo que todo el mundo parece coincidir religiosamente, sabes que te van a llover collejones como panes. Quizás porque en la sociedad actual todo lo mueve un poco el famoso postureo y el mainstream o simplemente porque tu vas errado y ya está; pero lo cierto es que Bates Motel es una de esas series que suele sacar el verdadero fondo de la gente; o te encanta o la odias con todas tus fuerzas. No hay término medio. Y esto es muy peligroso y más viniendo de una cadena como la A&E, en donde tampoco abunda mucho el buen drama y que parece querer meterse al público en el bolsillo con este nuevo wannabe patillero de Psycho y Twin Peaks, remezclado con toques de terror y cine noir. ¿El resultado? Una historia confusa a la par que naïf, demasiado teatralizada y que no aporta absolutamente nada al género televisivo contemporáneo. Sin olvidar a Freddie Highmore, que sigue confirmándome que lo mejor que le podría haber pasado es que le hubieran dejado encerrado en la fábrica de Willy Wonka. No obstante y gracias a Dios, no todo el mundo parece haber encajado igual la serie de Anthony Cipriano y Bates Motel terminó convirtiéndose en el estreno más visto de la cadena con más de tres millones de espectadores.

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He de admitir que nunca he sido muy fan de la intriga o del terror. Mi primera enganchada al género fue con Lost, que a veces parecía beber un poco de ambas charcas (a mi que no me digan que las uñas de Naveen Andrews no eran para salir corriendo), pero terminé por aparcarlo a un lado en vista del poco respeto que profesan los guionistas de hoy en día por el espectador medio. Quizá por ello encaraba Bates Motel con miedo. Ese miedo de que me volviera a pasar lo mismo que con 666 Park Avenue, Persons Unknown o The River y quedarme con cara de pan de centeno y un enorme WTF en la frente. Y mira tu por donde, Bates Motel me lo ha puesto demasiado fácil porque no creo que vaya a pasar de la mitad de temporada. Porque no inventa nada, ni quiere ser nada nuevo, aunque en alguna de las críticas que he leído en The Hollywood Reporter la citen como la pre cuela contemporánea de Psycho. Afirmación que les viene de perlas a los creadores de la serie para marcarse una de esas “influenciado por” tan hipster, citando al bueno de Hitchcock, que está claro que no le van a dejar descansar ni bajo tierra.

La historia de Bates Motel, como ya he comentado anteriormente, no es muy original. Narra la vida de los Norman, una acomodada familia de clase media cuya realidad se ve truncada brutalmente el día en que Norman (Freddie Highmore) encuentra el ensangrentado cuerpo de su padre en el garaje de casa. Ante semejante trauma adolescente que se les viene encima, Norma (Vera Farmiga), decide mudarse de allí y darle una vida mejor a su hijo en el Motel Bates, situado en el ficticio pueblo de Carolina del norte, White Pines Bay. Algo así como Casper, pero más negro y por cable. El destartalado edificio en cuestión parece erigirse como el macguffin principal de la historia y alrededor del cual se centrará el núcleo central de la trama, como bien ha comenzado a perfilar Cipriano y cía en el primer capítulo. No sabemos si con el objetivo de American Horror Story, que convierte la mansión de los Harmon en un eje más de la acción que cobra vida e interactúa con los personajes, o simplemente porque ubicar a los Norman allí era un must para justificar todo lo que se les viene encima. Que precisamente no creo que sea un amigable fantasma con una bombilla por cabeza, y sus deslenguados tíos.

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Y si en Bates Motel no hay suspense que valga, las interpretaciones no son nada del otro mundo. En especial la de Freddie Highmore, que da vida a un introvertido joven en plena pubertad (no hay más que ver como se le asoma el instinto sexual en la parada del autobús ante tanta fémina), que deberá luchar para preservar su vida privada y convivir con el yugo familiar que le impone su madre. “El mejor amigo de un chico es su madre” reza el tagline promocional de la serie, y no le falta razón. Y si con esta trama no teníamos bastante, Cipriano y cía nos plantan un bonito giro de guión que le da la vuelta a la historia para enfocarla hacia un thriller de suspense y oscuro sobre la supervivencia de una familia; primero a la pérdida del patriarca y cabeza de familia y luego al altercado que sucede en el piloto. Pero ante todo prevalece ese concepto tan convencional sobre la familia del que presumen los americanos y que tanto les gusta ver reflejado en todas las series que ven, sean canadienses o homemade.

Pero el thriller de Carlton Cuse, Kerry Ehrin y Anthony Cipriano, consciente o no de sus taras a nivel de construcción dramática de personajes, parece encarrilarse hacia el realismo mágico y en la fábula del todo vale, que tan de moda han puesto series como The River, Lost o Fringe. Cubriendo un puesto tan mítico como el de ésta última, no considero que Bates Motel busque reinventar el género si no encajar en él como un guante e intentar probar suerte con el espectador dividido entre las network y el cable. Pero dentro de este entramado tan complejo como es la ficción televisiva, hay algunos elementos que juegan a favor de Bates Motel y que podrían repuntar sus lagunas cualitativas hacia a un nuevo nivel completamente nuevo; la factura visual, la exquisita selección de las localizaciones y la cuidada puesta en escena, ponen de manifiesto la controversia visual en la que vive sumida la serie, que durante el piloto intenta mantenerse a flote con un salvavidas que le viene demasiado grande. Por ello no es de extrañar que en el video promocional del próximo capítulo emitido por la A&E, no haya espacio para las conversaciones moñas entre madre e hijo o los filtreos con las mozas de turno. Bates Motel vive del misterio y no de la evolución dramática de los personajes.

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En resumidas cuentas, Bates Motel no me ha convencido. No considero que sea un producto competente, pero si que ha sabido escoger el momento idóneo para salir del cascarón y quizás sea eso lo que le valga para salvar los muebles. Carlton Cuse siempre es sinónimo de bizarrismo a borbotones, pero durante el piloto he visto una contención admirable en cuanto a hechos paranormales se refiere, perfilando a los personajes y situándolos en el marco ficticio en el que el espectador puede hacerse una primera idea de cómo son. Entre ellos merece la pena mencionar a Nestor Carbonell, que ya participó en Lost y que parece estar de capa caída, con papeles cada vez más mediocres y de tercera fila, pero que pone una nota de color a una discordante factura entre lo narrativo y lo visual. Un desequilibrio que, de no resolverse pronto, podría ser el talón de Aquiles de una serie que, si no pretende ser más de lo que es, puede pasar de la primera temporada.

Lo mejor: la factura visual y las localizaciones

Lo peor: un guión flojo y actuaciones previsibles

Tiene una retirada a: Hostel, Twin Peaks

Primera impresión: 5/10

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1600 Penn

Posted by on mar 4, 2013 in Reviews, Temporada 1, Últimos estrenos | 0 comments

Cuando una serie te sale rana y resulta ser como 1600 Penn, pueden pasar dos cosas. Una; que se genere una expectación inversamente proporcional a su falta de humor y clasicismo; y la otra es que, directamente, la cadena se la saque de encima más pronto que tarde, tal y como ha sucedido en otras ocasiones con comedias de poca monta como Work It o Shit! My Dad Says. No obstante, cuando hay un peso pesado de por medio como es Bill Pullman, la cosa parece cambiar por completo. Y es que la nueva serie política del protagonista de Casper o While You Where Sleeping, firma una de esas interpretaciones anodinas y muy poco creíbles en 1600 Penn, una supuesta comedia sobre las idas y venidas de la familia del ficticio presidente de los Estados Unidos, Dale Gilchrist. En algunas críticas he leído de todo, incluso que nos encontrábamos ante el nuevo wannabe de Modern Family, en una época en la que las cadenas buscan exprimir la moda de los clásicos como sea. Pero nada más lejos de la realidad y la NBC parece estar en el mismo punto de flaco optimismo que el espectador. Con unos ratings cayendo en picado, hemos pasado de 1.3 a 1.1 en demográficos en tan sólo dos episodios, y la reacción de una crítica bastante descontenta, la cadena se ha visto obligada a reprogramar la serie en varias ocasiones para intentar forzar su inverosímil remontada.

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Supongo que la mayoría de los de mi generación, somos un poquito fans de Bill Pullman. Un poquito. Aunque sólo sea por las constantes reposiciones de Casper las tardes de los domingos en TVE cuando éramos teen y aún se vía la tele, el bueno de Pullman se merece, de entrada, el beneficio de la duda. Y es que hubo un tiempo en el que el nombre del neoyorquino era sinónimo de éxito, o al menos, de cierta empatía. Luego está lo que haces cuando pasas la barrera de los cincuenta. Si no que se lo digan a Hasselhoff y cía. Probablemente lo que le debe de estar pasando al actor (ensombrecido en esta comedia por un insufrible y abofeteable a partes iguales Josh Gad) que a sus 59 años, debería escoger mejor en qué proyectos pone el pie. Y eso que esta vez la temática escogida no ha sido errónea, a la vista está de que al público le gusta la política, por mucho que no comulgue con ella, y actualmente la parrilla no está muy saturada de éste género, salvo las puristas Veep o The Newsroom. Pero el trío compuesto por el propio Josh Gad, Jon Lovett y Jason Winer, no lo han sabido aprovechar. Durante el piloto emitido el pasado 17 de diciembre, 1600 Penn parecía encaminarse hacia el rastro que dejaba Veep, en la que se reflejaba así de pasada y de la que se desligó completamente para pasar a convertirse en una parodia de sí misma. En algunos de los tráilers que corrían por la red, la cadena se atrevió a mencionar que algunos críticos veían a 1600 Penn “era la respuesta a Modern Family”, una afirmación que, obviamente, se le queda bastante grande. Repetición de clichés, abuso de gags raciales y despótas, falta de ritmo y de inverosimilitud de los diálogos, son algunos de los errores que se aglutinan en el insulso guión de Gad.

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Si el guión de 1600 Penn no es de lo mejor que tiene la comedia, la actuación del resto de los actores son prácticamente inexistentes. En un marco de acción dirigido en su totalidad a la figura de Josh Gad, el actor se pavonea por casi todos los planos haciendo gala de un petulante narcisismo y un afán de protagonismo absoluto. Pero si en algunos casos este tipo de personajes se hacen fácilmente toreables, en esta serie terminan siendo su talón de Aquiles. Bill Pullman es un actor limitado, pero de vez en cuando, se le puede sacar algún registro que otro. Quizás su recauchutado rostro y ese pelo muy John Travolta que le han cardado los de maquillaje y peluquería, no ayuden a meter al público en su personaje, pero el muchacho lo intenta. Al igual que Jenna Elfman. Si tuviera que salvar a alguien de todo este entramado sería sin duda la actriz californiana, que interpreta a la mujer de Pullman, demostrando ser una sorprendente primera dama de banquillo para cuando a Michelle Obama se le acaben las pilas. El resto se diluyen en una factura visual que pasa el cinco raspado y que peligrosamente me recuerda el estilo mockumentary de Veep, pero sin ir más allá.

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Innovar cuesta y cuando te colocan un guión tan flojo como el de Gad es difícil pasar el corte. 1600 Penn es una serie aburrida, prescindible y en ocasiones, puede llegar a rozar la vergüenza ajena. En reiteradas ocasiones he oído quejas sobre el favoritismo de las cadenas hacia series que se venden por los actores y no tanto por el contenido y en este caso está claro que la NBC aguanta la serie a verlas venir. No le tembló el pulso cuando se finiquitó a Do No Harm tras dos capítulos emitidos y esperemos que no se lo vuelva a pensar dos veces con 1600 Penn. Personalmente, considero que hay un ínfimo potencial en la serie, casi inexistente, pero que deja la puerta abierta a que un respiro en la parrilla les permita a los guionistas hacer caso de la crítica y sentarse a replantear el sino de la serie. Mientras tanto, siempre nos quedará la inexpresiva cara de Pullman y el encanto de su mujer,

Lo mejor: Bill Pullman siempre será un buen reclamo. Y luego está Jenna Elfman

Lo peor: el guión, Josh Gad y el poco ritmo de la serie

Tiene una retirada a: a Veep y de refilón

Calificación final: 4/10

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Do No Harm

Posted by on feb 25, 2013 in Reviews, Últimos estrenos | 0 comments

Estoy segura de que si le hubieran dicho a Robert Louis Stevenson que después de 127 años todavía se seguirían haciendo remakes de una de sus obras más conocidas, una arcaica edición en inglés de 1886 conocida bajo el nombre de Strange Case of Dr. Jekyll and Mr. Hyde, arramblaría con una botella de buen whisky y se volvería, sin perder un segundo, a dormirla al monte Vaea. No sólo porque esa escena, la de un hombre enfilando una colina con la única compañía de su botella de alcohol, queda muy dramática sino porque el concepto de versionar a los clásicos (lo crean o no), ya no se lleva. Y mucho menos si se trata del nuevo drama de la NBC, que debería pasar a la posterioridad como un ejemplo de mala programación de la cadena (que no sabía muy bien como rellenar publicidad) que por una serie en si.

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Sea como fuere, la serie médica/psicológica/romántica/tróspida creada por David Schulner (que a la vez también actúa como productor ejecutivo) y protagonizada por Steven Pasquale, nos introduce en la caótica vida del Dr. Jason Cole, un famoso neurocirujano que vive encerrado en un trastorno disociativo de la identidad; por la mañana, de 8:25 am a 8:25 pm, es un ser bondadoso y cálido, que se preocupa por el buen hacer de sus pacientes y flirtea, sin acercarse demasiado, a su compañero de bisturí Lena Solís. No obstante, cuando cae la noche y su Casio empieza a sonar espasmódicamente, su alter ego Ian, entra en escena; un tipo rudo y con malas maneras, que lleva acosando a su primera novia, Olivia, desde que tiene uso de razón. Los malos rátings no se han hecho esperar y la cadena ya le ha dado pasaporte a la serie, que se ha convertido en uno de sus peores estrenos en lo que lleva de temporada.

La industria anda parca en ideas. Es cierto, si. Admitámoslo y sigamos con nuestras vidas, que ya somos todos mayorcitos. Al menos eso es lo que pensamos que tienen entre ceja y ceja los productores norteamericanos, que siguen sin recuperarse de la muerte de Lost, que repiten en modo loop los errores que llevaron a Fringe a la parte de atrás de una gasolinera con los pantalones medio bajados o que realizan un copy paste compulsivo de clásicos temas, a la par que recurrentes, como son los líos entre médicos, sucesos paranormales o calcomanías de Jack Bauers diversos. La audiencia quiere cosas nuevas. Y los blogueros, también. Que las cadenas, que pocas veces tienen en cuenta el nivel intelectual del público, arriesguen y se jueguen su última sota de bastos a un proyecto por el que el vecino no daría un duro. No hay más que echar un vistazo a Lena Dunham y su estrepitoso éxito en una plataforma tan exigente como es la HBO. Necesitamos más Utopias y menos The Mob Doctor, The Followings o The Carrie Diaries, por mucho que algunas de ellas me hayan entrado por el rabillo del ojo. Y Do No Harm no encaja con el perfil de la televisión que se consume hoy en día La que nos venden. Tal y como sucediera con My Own Worst Enemy en 2008, el mito de la doble personalidad no es un terreno en el que los guionistas, ya sean de la FOX o como en este caso de la NBC, dominen excesivamente bien. Pero sin más dilación, me gustaría hacer un poco de hincapié en algunas de las lagunas que hacen de Do No Harm, uno de los peores estrenos de la temporada.

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Hay actores de relleno y luego está Steven Pasquale. El actor de Rescue Me, se intenta colocar con calzador un personaje que le viene largo por todas partes. Incluso cuando se desdobla en el histriónico Ian, resulta incómodo, tanto visual como interpretativamente. Probablemente tampoco sea por culpa de la dirección de un tímido Jeffrey Reiner, al que le han cancelado ya otros títulos como Trauma y más recientemente Awake, y que demuestra estar encasillado en una realización previsible, torpe y tosca. Tampoco sabremos si con otro actor de más postín Do No Harm hubiera circulado con mejor suspensión (es el caso de Kiefer Sutherland en Touch), pero es que el guión restante tampoco ayuda demasiado. No hay un conflicto claro entre ambos personajes, únicamente una lucha entre un chulazo deslenguado y el típico pringado de turno. Aunque exista esa incapacidad de autocontrol y esa extraña pócima que la rata de laboratorio de Jason fabrica clandestinamente en los laboratorios del hospital, pero nada surte efecto en el espectador.

Por otro lado, la ambientación y la fotografía de la serie es de lo más cutre y molesta que he visto últimamente, eso sin desmerecer a Once Upon a Time que pelea duro para que nadie le quite ese puesto. Lo que debería ser un lugar diáfano y adaptado para pacientes, parece un centro social de extrarradio con claras deficiencias estructurales que embotellan más si cabe el transcurso de la historia. Además si a esto le sumamos a una plantilla conformada por Michael Esper, en un papel que debería de haber rechazado desde el minuto uno, y Phylicia Rashad como una directora de hospital encasillada y a la que los guionistas, apenas dejan lucirse. Pero todo ello no sirve de nada si tenemos en cuenta que la NBC ha retirado la serie de emisión y de momento no hay fecha fijada para los próximos capítulos siguientes. Acertada o no, dicha decisión ha abierto de nuevo la polémica disputa sobre si las series merecen un cierto nivel de capítulos para demostrar su evolución o directamente basta el piloto para desechar el resto.

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Personalmente considero que Do No Harm es un error. Un insulto hacia la mente de un espectador cada día más aburguesado con el nivel del cable y que tiene que escoger con medida qué títulos sigue y cuales se deja en el peaje. Eso no es malo, pero si una delgada línea de tiro para las cadenas que, en ocasiones inexplicables, dan luz verde a proyectos más propios de verano o viernes noche. Do No Harm podría haber escogido ser cualquier cosa; una revisión sobre el conflicto moral que implica ser dos personas, un remake contemporáneo pero respetando al clásico de siempre o un asalto del un trastorno disociativo de la identidad desde el punto de médico, más que psicológico. Pero no. La serie de David Schulner no lleva a nada, ni atraca en ningún puerto. Un nivel que, a estas alturas de temporada, no se puede permitir.

Lo mejor: la idea inicial es buena pero la realización posterior es un caos

Lo peor: un guión absurdo, actores mal dirigidos y una puesta en escena demasiado austera

Tiene una retirada a: My Own Worst Enemy

Calificación: 3/10

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‘The River’: los vestigios de ‘The Blair Witch Project’

Posted by on mar 20, 2012 in Reviews, Últimos estrenos | 0 comments

Bestia. Ambivalente. Raeliana. Visualmente despreocupada. Naïf. Estos son algunos de los adjetivos que bien podrían servir para definir la nueva serie de la ABC, The River. Asfixiada en la necesidad de producir terror y suspense a partes iguales, Michael R. Perry (Persons Unknown) y Oren Peli (Paranormal Activity), firman un guión caótico. Enegrecido por una fotografía que parece únicamente concebida para disimular las constantes taras que posee la serie y embaucar al espectador con un suspense de andar por casa; ¿qué demonios está pasando en la selva? Encabezada por el canadiense Bruce Greenwood (I Robot), The River persigue a un grupo de aventureros que deciden seguir el rastro de Emmet Cole, un ávido reportero al més puro estilo Steve Irwin, que un buen día desaparece en el corazón del Amazonas sin dejar rastro. Aunque en varias ocasiones son numerosos los dispositivos de búsqueda que se ponen en marcha para dar con el popular comunicador, cuatro meses después las autoridades locales deciden darle por muerto. Es entonces cuando Tess y su hijo Lincoln, llevarán a cabo la expedición más bizarra y surrealista que jamás hayan visto las vírgenes aguas del río Amazonas.

The River es un producto ambivalente. Es decir, puedes creértelo o no. A la serie tanto le da. De hecho, creo que precisamente su encanto reside ahí. En la difuminada línea que se dibuja entre el kitsch y la más pura genialidad. Aunque no es oro todo lo que reluce si tenemos en cuenta que The River no ha inventado nada nuevo. ¡Ni mucho menos! Tomando como punto de partida uno de sus referentes más directos como es The Blair Witch Project (1999), la serie de Perry y Peli busca, a su manera, convertirse también en el fiel testigo de una hazaña que teóricamente es real. Cámara al hombro nos sumergimos en el Gran Hermano, la vida en directo, la inmediatez. Esa necesidad tan postmoderna de registrar tanto visual como auditivamente cualquier hecho para dar constancia de él. Tess (Leslie Hope, 24) y Lincoln (Joe Anderson, Control) son víctimas de ello. Venden su alma al diablo para encontrar a Emmet, dejando así paso a que las cámaras puedan campar a sus anchas por sus vidas privadas. Porque está claro que los líos de familia y los misterios sobre desapariciones sin resolver son un codicioso material para cualquier productora que se precie. Lo que no saben es que la maldición que está a punto de caer sobre ellos es mucho mayor que cualquier chismorreo contado tras la lente de una cámara.

Precisamente en este nuevo marco de experimentación sociológica sobre el comportamiento humano tienen bastante experiencia Perry y Peli. Ambos creadores, que ya trabajaron juntos con anterioridad en proyectos como Paranormal Activity, realizan una inmersión en la moral, la redención y la espiritualidad a través de algo tan puro y costumbrista como es la naturaleza y la fuerte atracción que puede tener sobre el hombre. Todo ello de la mano de un grupo de dispares navegantes, que bien podrían representar algunos estereotipos de la sociedad actual, cuyos propios miedos y fantasmas les llevan acosando desde que partieron en busca del desdichado Emmet Cole. La selva no es el enemigo, son ellos mismos. Son los protagonistas de The River los que destapan las amenazas adormiladas en el corazón del Amazonas a través de sus imprudentes actos, muchas veces castigados con torturas físicas y psicológicas como es el caso del capítulo Los Ciegos, en el que uno por uno los tripulantes del Magnus van perdiendo la visión. Pero lo tanto, y tal y como hemos hemos comentado anteriormente, The River puede verse como un mero homenaje al popular mockumentary, que ya comenzó a utilizarse en los 90 a través de The Blair Witch Project y más recientemente con películas como Rec, Paranormal Activity o Monstruoso, o simplemente la historia de un grupo de personas que se redimen en un paraje tan anodino como pueda ser la selva. La decisión recae en el espectador y The River sólo ofrece las herramientas necesarias para ello.

Quizás el único punto fuerte de The River, como ya sucediera en Persons Unknown y Paranormal Activity, es su realización. Una cuidada puesta en escena que carga sobre sus hombros todo el peso del suspense, representando así y de manera fiel y directa la premisa que durante muchos años mantuvo en pleno apogeo el género de terror: sólo provoca pavor aquello que no vemos o conocemos. Y ahí reside la astucia de los creadores de la serie, en intentar convencernos de las más improbables y absurdas profecías que encierra la madre naturaleza. Como por ejemplo la de “El Colgado” una maldición según la cual aquel que reciba un naipe con dicho símbolo deberá sucumbir ahorcado en la selva para el resto de sus días. The River es eso y el espectador debe tenerlo presente antes de visionar la serie. Por dichas razones, la serie de la ABC tiene también los días contados. No sólo por el flojo guión que resguarda la fotografía y una realización de infarto, sino porque un producto de este formato no tiene sentido en pleno siglo XXI. Nadie se traga que la expedición que va en busca de Emmet Cole haya muerto en el proceso. Algo parecido sucedió con The Blair Witch Project en 1999, con la diferencia de que no había posibilidad en el momento en el que se estrenó la película, de comprobar si los hechos rodados eran ciertos. Nadie conocida a Heather o a Josh, ni tampoco si realmente habían desaparecido en los bosques de Maryland. Y es ahí donde recaía el terror, en la posibilidad de que aquellos terribles incidentes hubieran tenido lugar. Eso con The River es imposible y como la serie lo sabe, se agarra con fuerza a los bruscos movimientos de cámara, a los ahogados gritos de los protagonistas intentando salvar su vida o un auténtico melting point de todo tipo de fantasmágoricas criaturas, muy recurrentes en el género de terror.

The River es una mala serie, pero dentro de lo que ha parido hasta la fecha 2012 es meramente interesante. A título personal podría considerarlo un guilty pleasure que hace tiempo que buscaba suplir al terminar por novena vez Dr. Quinn Medicine Woman, y que no pasará de una temporada. Y en parte es así como debe ser. No encontraría lógica que la ABC decidiera alargar una trama tan floja como la que sostiene la serie hasta la fecha y tampoco creo que los índices de audiencia den pie a ello. Por lo tanto, The River debe pasar como un producto anacrónico, que tendría que haberse estrenado años atrás, de la mano de The Blair Witch Project y provocar ese verdadero pavor que en realidad es capaz de provocar.

Lo mejor: la capacidad que tiene la serie de reinventarse en cada capítulo

Lo peor: un guión flojo y previsible

Tiene una retirada a: Paranormal Activity, Persons Unknown y The Blair Witch Project

Primera impresión: 5/10

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‘Awake’: los azules ojos de Jason Isaacs

Posted by on feb 20, 2012 in Reviews, Últimos estrenos | 0 comments

“So tell me how this works.
I don’t know. I close my eyes, I open it the same as you.
Let’s just star from the beggining.
No, let’s started right now”.

Awake asusta. Pocas series han logrado despertar en mi esa sensación tan maniqueísta de estar ante algo que puede ser realmente brillante o un producto fruto de una mera ida de olla de un grupo de guionistas colocados. La nueva serie de la NBC, que ya despertó interés a raíz de sus múltiples problemas de producción y de posible aceptación entre el público, fue filtrada a mediados de semana por la misma cadena, tanto en su página web como en la cuenta oficial de Youtube. Y todo a un mes de su estreno. Una fecha que a Awake, le había costado conseguir. Y sólo por ese esfuerzo, ya valía la pena ver el piloto con otros ojos.

Awake (despierto en inglés), no es más que el eterno luto de un hombre herido. Atrapado en una realidad alternativa tras la muerte de su mujer y su hijo en un brutal accidente de tráfico del que él mismo si consigue sobrevivir. Todo lo que más quería le ha sido arrebatado y Michael Britten, un obstinado detective del cuerpo de policía, parece haberse sumido en un profundo letargo atemporal. Una pesadilla. Un sueño complejo y traicionero, que parece jugar con él cuando se queda dormido en los brazos de su mujer o contempla emocionado como su hijo gana el último punto de partido. Dos líneas paralelas; una en la que su mujer está viva y en la otra es su hijo. Y es entonces, cuando parece que todo se vuelve caótico, cuando nos sumergimos en los pensamientos que Michael balbucea confuso a sus psicólogos (uno por cada línea temporal) que deben decidir si puede o no volver a llevar una vida normal. Pero ya nada es normal para Michael. Ahora no.

A nivel de realización, Awake es simplemente una obra de arte. Sencilla, exquisita y contenida. Utilizando todas las texturas que el color puede ofrecer para conformar un estilo visual con carácter, que guía al espectador entre una realidad y otra. Amarillos y verdes para el mundo de Michael con su mujer y azules y grises para el de su hijo. Todo encaja en una harmonía sellada con elegantes fundidos a negro y breves pinceladas de música extradiegética que juegan a envolver la escena, pero sin entorpecerla.

Quizás Awake peca de simplista. De tomar al espectador como un ser unineuronal incapaz de utilizar las herramientas que le ofrece la serie por si misma y sin necesidad de añadir detalles como el de la pulsera verde o roja en cada realidad. A diferencia de lo que sucede en series de ciencia ficción como Lost o Fringe, creo que el seguidor de Awake no debe intentar entender físicamente la escisión temporal que produjo el accidente, sino empatizar con un hombre que sufre. Un hombre asustado por ver que su vida es un despropósito y lo único que puede hacer él es saltar de un lado a otro como un funambulista. Probablemente lo que más temía la NBC era esto. Que el espectador recriminase a Kyle Killen, una explicación racional a algo tan costumbrista como es la pérdida emocional de un ser humano.

Esta no es la primera vez que Kylen Killen, creador de Awake, experimenta con la doble realidad. El ying y el yang. Ya en 2010 intentó narrar algo parecido con Lone Star, una serie producida por FOX que giraba alrededor de la doble vida que llevaba Bob Allen, un magnate del petróleo, entre su adinerada mujer y su atractiva novia. No sé si por la poca respuesta de la audiencia o la frivolidad con la que Killen trató el tema, pero lo cierto es que Lone Star acabó siendo un fracaso de temporada y fue cancelada a los pocos episodios. No obstante, parece que Killen ha aprendido de ese error y enfoca Awake con la misma dualidad, pero con más cuerpo y madurez. Se nota que posee las llaves que encierra la trama, pero considero que aún le queda bastante por pulir para que Awake pueda brillar con toda la fuerza que alberga en su interior. Y parte de esa responsabilidad reace en Jason Isaacs. Protagonista indiscutible de una serie que no le deja, literalmente, ni una escena de suspiro. A si como en Case Histories se desenvuelve como pez en el agua en un papel que no es el suyo, ya afirmó en una entrevista que no le gustaría dar vida a un detective, en Awake parece contenido, como incómodo. No parece sentir, ni tampoco querer hacerlo. No sé si debería echarle una maldición gitana al director o simplemente que no cree en el proyecto, pero lo cierto es que sólo he visto al auténtico Jason en pocos planos. Ante todo, Awake es un drama intimista y sentimental. Movido únicamente por el lado más sensible de Michael, que es lo que mantiene ambas realidades vivas. En el momento en que Michael pueda superar el trauma, la serie dejará de tener sentido. Pero necesitamos sentimientos. Necesitamos a un Jason que sé que existe, porque ya lo he visto en otras ocasiones llenar la pantalla con su mera presencia.

A la pregunta de qué nos deparará Awake, creo que hay una difícil respuesta. Es de esas series que no puedes juzgar tras un simple vistazo. Tendremos que esperar a ver cómo se desarrolla la trama en el segundo episodio y durante el resto de la temporada, pero el piloto ya ha apuntalado correctamente los pilares de lo que será la tónica general de la serie. Considero que perdernos en ella es posible, tan sólo debemos dejarnos guiar por una puesta en escena que aún no es del todo creíble y los azules ojos de Jason Isaacs.

Lo mejor: la realización y la presencia de Isaacs

Lo peor: faltan muchos detalles por pulir

Tiene una retirada a: -

Primera impresión: 7,0/10

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‘Alcatraz’: más Abrams que nunca

Posted by on feb 6, 2012 in Reviews, Últimos estrenos | 0 comments

J.J ha vuelto. Y lo ha hecho más Abrams que nunca. El well known productor -creo que no hace falta citar sus archiconocidas obras-, ha terminado por convertirse en un producto de sí mismo. Todo lo que toca lo transforma en oro. O al menos, durante el laborioso proceso que tarda en echar a perder una buena idea. Con Alcatraz le ha pasado exactamente lo mismo. La nueva aventura de Abrams sobre un grupo de presos que desaparecen misteriosamente de una de las prisiones más seguras del mundo, ha tardado cuatro capítulos en alcanzar la categoría de epic fail. En my opinion, claro está. De nada ha servido la participación de Sam Neill, la repesca de Jorge García como el nuevo wannabe de Hurley, ni los destartalados acordes de Michael Giacchino. Abrams ha vuelto a hacer lo que parecía imposible; crear un nuevo producto a partir de la fusión de su más conocidos oldies. Alfrinlost, ya está aquí.

Abrams es un tipo de costumbres. Nadie diría que estamos delante de un producto de su bolsillo si no fuera por la cantidad de interrogantes por minuto que es capaz de generar. ¡Y qué me aspen si luego no los echamos de menos! En Alcatraz, como ya sucede en Lost, la isla vuelve a ser el centro neurálgico y principal mcguffin de la historia. ¿Qué secretos encierra la famosa prisión americana? ¿Qué ha llevado a los presos encarcelados en ella a poder saltar en el tiempo hasta el siglo XXI? ¿Te entregan a Mew al final de la serie cuando atrapas a todos los fugitivos? En medio de este brebaje de preguntas sin sentido aparece Rebecca Madsen (Sarah Jones, Sons of Anarchy), una joven hecha a sí misma e intrépida detective, que llevará a cabo una concienzuda investigación para desvelar la causa de estos extraños acontecimientos. Para ello contará con la ayuda de Diego Soto (Jorge García, Lost), un docto experto en cómics, que posee unos vastos conocimientos sobre los presos encarcelados en Alcatraz. Hurley, digo Soto, accederá a ayudar a Madsen a repatriar a los fugitivos a la isla bajo la atenta supervisión de Emerson Hauser (intepretado por Sam Neill), que ya ha demostrado en varias ocasiones que no es un tipo de fiar.

Firmado por Steven Lilien, Elizabeth Sarnoff y Bryan Wynbrandt, el guión de Alcatraz se nos presenta desordenado. Como un puzzle de inabarcables piezas que el espectador debe montar con las escasas pistas que la serie le va dando. Utilizando nuevamente el flashback como leitmotiv principal de cada capítulo, Abrams y su equipo saltan a su antojo de los años 60 a la actualidad para descubrirnos las duras condiciones en las que debían subsistir los presos de Alcatraz. De sobras es sabido que no hay quien le tosa a Abrams en cuanto a saltos temporales se refiere, pero considero que en Alcatraz se ha pasado de listo. La estrategia, ya aplicada anteriormente en Lost, termina por herir de muerte a a una idea que aparenta potencial pero que se queda en la cuneta. Esta no es la primera vez que Abrams se queda a medio gas, teniendo en cuenta sus anteriores trabajos en Super 8 o Undercovers. A todo esto, hay que añadirle la música de un Michael Giacchino que parece que no sabe hacer otra cosa. Cansa y lo convierte todo en homogéneo. Sin vida. Con esa sensación que transmite de no haberle sabido decir que no a Abrams.

Y si la trama principal no termina de sustentar la serie, el background de los personajes o las subtramas que puedan generarse entre ellos, tampoco son mucho mejores. Para empezar, Rebecca Madsen es una Olivia Dunham reciclada. Encubierta en una falsa e inexperta juventud, que la convierten en el prototipo de protagonista que tanto le gusta a Abrams. Desvalida, sin familiares cercanos a los que acudir, Emerson Hauser se convierte en lo más parecido a un padre que Madsen ha tenido nunca. Ese alter ego de Walter en el mundo alternativo de Fringe y en el que difícilmente se puede confíar. Sam Neill borda a la perfección un papel que le viene como anillo al dedo y quizás único reclamo de la serie, más allá del nombre de Abrams en el póster. Una persona terriblemente inteligente, que esconde un secreto lo suficientemente grande como para encerrarlo bajo llave en medio de un frondoso bosque. Emerson es la clave y Abrams lo sabe. No hay más que ver la cantidad de giños que le da al espectador para que no le quite ojo de encima. Por otro lado, Jorge García es el único personaje que no ha logrado despertarme ningún tipo de emoción. Es hermético. Sin detalles. Repasando concienzudamente las líneas del guión que siguió en Lost y que le han valido la fama que tan fácilmente ha conseguido. Diego Soto es Hurley, aunque sin Hurley. Alejándose del prototipo Peter Bishop y su posible relación amorosa con Madsen, Soto simboliza el nuevo grupo social conocido como nerd y que tan bien ha sabido caracterizar The Big Bang Theory.

A nivel de realización, Alcatraz es correcta. Posee este toque aneblinado y tan poco formal con el que ya nos sorprendió Fringe en su momento (salvando mucho las distancias) y que parecen respirar todas las obras firmadas por Abrams. En los 40 minutos aproximadamente que dura cada capítulo, la serie busca impactar al espectador. Atraparlo en una serpenteante sucesión de acontecimientos inconexos entre si que terminan desembocando siempre en el mismo punto; el arresto y devolución de uno de los presos fugados a la nueva Alcatraz. Y ya está. No hay una evolución dramática, ni tampoco estética. Se trata de un copy paste de esa atmósfera de misterio e intriga que no convence a nadie, pero que a los fans de conocido productor no les termina de desagradar. El montaje abrupto y precipitado nos expulsa muchos momentos de unos episodios marcados por una encorsetada estructura que pide a gritos un cambio radical.

Recapitulando y a título propio, Alcatraz me ha parecido una gran decepción. Una nueva muestra de que Abrams sólo sabe hacer lo mismo y hay gente que le aplaude por ello. Es cierto que una premisa como la que contaba la serie, era un diamante en bruto para cualquiera que tuviera un poco de sensatez y ganas de innovar. Pero capítulo a capítulo, Alcatraz se reafirma como un wannabe de Lost, pasando por Alias y que no llega ni a la altura de Fringe. No obstante, me he propuesto aguantar la primera temporada. Quizás porque me gusta sufrir o simplemente porque la mera presencia de Neill me fascina, pero lo cierto es que nunca se sabe cuando un producto va a dar la campanada del siglo. Sólo tendremos que esperar para saber si es Alcatraz o no.

Lo mejor: Sam Neill y algunas salidas de guión

Lo peor: la largo mano de Abrams

Tiene una retirada a: Lost y Fringe

Primera impresión: 5,8/10

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