Laura Blanco is a Filmmaker based in Barcelona. She also works as a film and TV critic and theorist and she is a member of the ACCEC (Associació Catalana de Crítics i Escriptors Cinematogràfics) and Dones Visuals. Her first feature film, 'Costumbre', has been selected in Acció Curts, Mallorca Talent Lab by Filmin and the Ibermedia Program.

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Good Cop

“El problema de ser policía es que ves demasiada mierda. El mundo es bueno. La gente es buena” afirma el padre de Sav, que juega a ser Dios mientras respira en su cama entrecortadamente. Esta frase (por muy banal que pueda parecer), es el punto de partida del nuevo drama policíaco de la BBC con claros tintes de Luther (no hay más que ver la estética y lo tétrico que puede dibujarse Londres), y protagonizado por el sorprendente y aún poco explotado, Warren Brown. Con el piloto de unos cincuenta minutos aproximados de duración (para mi gusto, un pelín largo), Stephen Butchard (House of Saddam) asienta una historia contenida en sí misma, sin demasiados artilugios visuales ni narrativos, que precipitan al espectador a un auténtico dilema moral desde el minuto cero y que termina alargándose hasta el cliffhanger final; ¿el lado oscuro del ser humano puede corromper hasta el hombre de ley más comprometido? Pese a que esta no es la primera vez que una ficción televisiva se sumerge en explotar esta disyuntiva tan peliaguda, lo cierto es que Good Cop ha sabido reinventarse y ofrecer una premisa abierta y desenfadada, en donde el espectador puede escoger el punto de vista moral que más le convenga.

Darren Brown, que parece haber aprendido mucho de Idris Elba en estos tres años, se mete en la piel de John Paul Rocksavage ‘Sav’, un agente de la policía londinense que se ve inmerso en un alud de acontecimientos que le llevarán a replantarse su postura moral frente a la vida y sobretodo, hacia la condición de los criminales que día tras día termina enviando entre rejas. Quizás también influya la aparición de Stephen Graham, el actor que viene dispuesto a quitarle a Morgan Freeman el récord de películas protagonizadas por segundo, interpreta a Noel Finch; un despreciable capo de lo que parece ser una pequeña mafia underground de los suburbios de Londres, que no soporta a los policías y le encanta acongojar a camareras en lavabos públicos. Precisamente Finch y sus compinches serán los principales antagonistas de Sav durante el piloto, además del caso de un joven cuyo hermano de apenas unos meses, muere repentinamente en sus brazos y que no termino de comprender muy bien que pinta ahí. Como podemos ver, la historia no tiene mucho más. A primera vista puede ser un relato construido a partir de un found footage o la copia barata de Luther, pero lo cierto es que Good Cop engancha y no sabemos muy bien por qué. Quizás sea por esa estética aciaga y perversa que sólo Londres parece sacar a la luz o por los complejos morales que posee Sav, o incluso por esa facilidad de que tiene Butchard para quedarse con los tópicos menos manidos del género policíaco. Pero sea como fuere, la trama principal de Finch y los demás casos que aparecen en el capítulo no es el principal interés de la serie de la BBC. Hay mucho más bajo la superficie; empezando por el background de Sav, su extraña relación con su padre que yace postrado en la cama de su casa y conectado a un respirador de por vida o la culpa que le carcome por dentro cuando ve a su ex mujer y a su hija paseando bucólicamente por la playa. John Paul es bueno, pero el mundo parece querer darle la espalda. Quizá por ello acuda con tanta asiduidad a la figura de su padre, que parece alzarse ante él como su guía espiritual capaz de dirigir a su yo interno, que le recuerda constantemente la verdadera naturaleza de su personalidad.

Pero como siempre en la vida, el azar (mucha gente lo llamaría karma) nos da la espalda y debido a un suceso que tiene lugar a mediados del episodio (no desvelaremos cual es para aquellos que quieran ver la serie), el universo de John Paul se trastoca por completo. Y eso que Butchard ya se ha encargado de asentar y subrayar con insistencia un maniqueísmo de libro personalizado en la figura de Finch por un lado y por el otro el de la policía, a la que se intenta humanizar (no engañan a nadie) a través de la muerte y su sentido del deber. Sav se encuentra en el centro del huracán, en el punto en el que no se pueden ver las cosas con perspectiva y eso le precipita a un vacío existencialista en donde ya nada parece tener sentido y cuyo impulso le lleva a cometer un atroz acto; la naturaleza del ser humano parece ser siempre perversa. John Paul se compromete entonces con un nuevo modus vivendi, completamente desconocido para él y que será el núcleo central del resto de la temporada; ¿Cómo vivir contigo mismo después de transgredir tus propios ideales? Como ya sucede con Walter White en Breaking Bad (vamos a salvar las distancias), Sav se ha transformado en lo que podríamos llamar un monstruo, un enfant terrible que opera al margen de la ley pese a ser el principal representante de ella. La controversia que genera la noche que Finch y sus compinches se montan una fiesta de escándalo y la cosa termina yéndose de madre, empieza la verdadera transformación de John Paul, que debe mirar impasible como la vida pasa ante él sin poder hacer nada al respecto. Entonces la trama nos empuja a replantearnos esto; ¿realmente es tan horrible lo que hace John Paul? ¿Hubiéramos hecho lo mismo que hizo él en su lugar? Probablemente si has seguido con detalle las cinco temporadas de Breaking Bad, no te sonarán del todo rara estas cuestiones. Ni siquiera verías extraño que la conducta de Sav fuera evolucionando hasta límites insospechados, llegando a involucrar en sus locuras a la poca familia y amigos que le quedan.

Good Cop es un diamante en bruto que aún le queda mucho por brillar. Ya sólo con la fotografía, el uso inteligente de los planos y esa última escena en la que John Paul se sumerge en el mar completamente vestido y buscando la redención, es un buen motivo para darle una oportunidad a la serie. Como todas y sobretodo en lo que a dramas policíacos británicos se refiere, la longitud de los episodios sigue siendo el principal hándicap para engancharse en cuerpo y alama a una historia en concreto, pero considero que con la serie de Butchard podría llegar a no ser una pérdida de tiempo. De momento, el piloto me ha convencido lo suficiente y seguiré su evolución con interés, sobretodo para saber como los guionistas manejan este lado oscuro del protagonista y si sabrán sacarle tanto jugo como lo hico Gilligan con W.W. Sea como fuere, de momento el nuevo drama de la BBC va por buen camino. Es cierto que sería interesante pulir varias taras de cara a la temporada, pero sólo el tiempo y la aceptación del público podrán permitir que Good Cop siga evolucionando.

Lo mejor: la realización y Warren Brown.

Lo peor: capítulos demasiado largos y algunas escenas de relleno.

Tiene una retirada a: Breaking Bad en el desarrollo de personajes y Luther.

Primera impresión: 6,5/10

Revolution

Antes de nada me gustaría admitir que no comulgo con Abrams. Ni me gustó Lost (esa última temporada le quitó cualquier tipo de credibilidad a la serie); ni pude aguantar dos capítulos seguidos de Undervovers; Alcatraz me pareció una estafa; Alias aún no he tenido la oportunidad de verla; y sigo sin encontrarle la gracia a los desorbitados ojos de Michael Emerson en Persons of Interest. Quizás por ello Revolution lo esperaba como otro bluf más dentro de mi parrilla. Una de tantas series post apocalípticas que llenan nuestras pantallas en una plaga de títulos que no parece tener fin. Aunque ahora le sigue muy de cerca el de las adaptaciones literarias, algo es algo. Lo cierto es que tras ver el piloto filtrado de Revolution (todavía habrá cadenas que digan que las filtraciones no existen que son los padres), no ha terminado de desagradarme del todo. Como Terra Nova, Flashforward o The Walking Dead, Revolution nos ubica en un mundo completamente desolado y caótico, que debe reinventarse y volver a la edad de piedra tras un extraño apagón global que deja a la tierra sin energía. Entre los supervivientes que aún quedan en pie, destaca la familia de Ben Matheson, un amable granjero (no hay más que ver la cara de felicidad que pone el muchacho cuando sale de su casa) que ve perturbada su paz al recibir la visita del capitán Neville, un malvado general de la milicia que quiere llevarse a Ben y a su hermano Miles. Como ninguno de ambos bandos están dispuestos a irse con las manos vacías, empieza una afanosa lucha a ballestazos que termina con el rapto de Danny, el hijo pequeño de Ben y la propia muerte del patriarca de la familia.

Hasta aquí, todo el pescado vendido. Pero lo mejor de Revolution no es la historia, más allá de su originalidad o no, sino su puesta en escena. La magnífica fotografía de un Abrams que no sabe hacer otra cosa. Pecó de efectos especiales en Flashforward, y vuelve a estirar el concepto de nuevo con Revolution. Pero no importa, la causa justifica los medios. Y en este caso no es otra cosa que entrener al espectador, si, pero sin dejar de lado esos macguffins que tanto ponen cachondo a Abrams y su trupe de guionistas; las cajas misteriosas. Y para más inri, nos colocan una nada más empezar. ¿Qué diablos es el chisme ese en forma de huevo cósmico que Ben saca del ordenador? Pues ni más ni menos que un artefacto de lo más últi, cuya función se desvela al final del piloto. Algo más previsible que la muerte de la madre Bambi, pero que enlaza bastante con la filosofía de Abrams de ceñirse a su estilo y no salir de ahí. Parafraseando al ya difunto Gregory House; “Es mi rollo y me ciño a él”. Y no es para menos. Si por algo ha triunfado el bueno de JJ, además de por ser más pesado que la madre que lo parió, es por arriesgar en su campo y seguir apostando por las ideas inconclusas. Y en realidad, por mucho que me cueste admitirlo, es necesario gente como él. Sino acabaríamos siempre relegándonos a lo mismo y de esa manera la industria televisiva no evolucionaría. Quizás por ello Revolution llega en una época que le va como anillo al dedo; tras el fiasco de Terra Nova y de Falling Skies, la nueva serie de la NBC lo tiene todo para triunfar, en tanto que consigue asentar unas expectativas mucho más realistas y asequibles. Eso no quita que el producto de Eric Kripke tenga taras, y no pocas precisamente, pero dentro de lo que queda por venir, tendremos que agarrarnos a él como un clavo ardiendo.

Y no me importaría agarrarme con fuerza a Giancarlo Esposito. El danés, que viene de realizar un cameo en Community y de pulirse a medio cártel en Breaking Bad, vuelve a dejar claro por qué es uno de los actores del momento y se alza entre el resto de reparto como el personaje idílico que todo guionista querría tener entre sus páginas del Celtx. Sea como fuere, tampoco es difícil destacar entre un grupo de actores mediocres (incluso Elizabeth Mitchell vapulea el concepto actuar y eso que aparece menos de cinco minutos en pantalla), que parecen estar actuando en una obra de barrio para sus obstinadas abuelas de mesa camilla. Pero no importa, tienen buena planta y ya sirven para cumplir su propósito, caer bien al espectador. Sobretodo Charlie Matheson (interpretada por Tracy Spiridakos), la hija de Ben Matheson que se carga sobre sus hombros la misión de rescatar a su hermano después de la muerte de todos los miembros de su familia. Tras ella Aaron (Zak Orth), un empleado de Google venido a menos tras el apagón y  Maggie (Anna Lise Phillips), una joven hecha a sí misma que no duda en utilizar la fuerza cuando es necesario y que bien podría recordarnos a Kate. Como vemos, los estereotipos dentro de la serie de Abrams y Kripke quedan señalados en todo momento. No hay lugar a duda. Lo que no termino de ver claro es que pinta Esposito entre tanto maniquí de los almacenes Sepu. Sinceramente, no considero que una serie de acción tenga que cuidar en exceso el nivel del elenco que la compone, pero hay momentos en que las actuaciones de Tracy Spiridakos o Billy Burke rozan la vergüenza ajena. Sin dejar de lado la lucha final, catana y ballesta en mano, entre éste y los secuaces de Neville que bien podría pasar por una toma falsa de Power Rangers Wild Force. Sobretodo los magníficos efectos especiales de aquellos que reciben disparos o flechas, con esa propulsión acelerada que Pablo Puyol pudo experimentar en The El Escorial Conspiracy, todo muy realista por cierto.


Sea como fuere, Revolution es el producto perfecto para la NBC. No resulta odioso y puede convertirse en un auéntico hype para un determinado sector del público, ávido por recuperar las historias palomiteras y las series con buenas dosis de acción. Para el resto, entre los que me incluyo, el piloto ha pasado sin pena ni gloria y nos nos extrañaría nada que terminara pasando el corte de finales de año. Como siempre, habrá que esperar a los ratings de su estreno (previsto para el 17 de septiembre) para esperar la reacción de la cadena. No obstante, y tomando como referente la actual parrilla que se nos viene encima con el inicio de temporada, tocará echarle el ojo de vez en cuando al transcurso de la trama y la resolución de los macguffins que ha presentado Abrams, hasta la fecha, bastante ínfimos para recalcar las posibilidades de Revolution. De momento, los neófitos de Abrams ya se frotan las manos con el esperado comeback de su ídolo y desearán que las ideas del de Nueva York tengan cafeína para rato.

Lo mejor: Giancarlo Esposito.

Lo peor: las constantes reiteraciones de Abrams y unas premisas flojas.

Tiene una retirada a: Terra Nova, Falling Skies, Flashforward y Jericho.

Primera impresión: 5,9/10

Parade’s End

Ah, el refranero español, qué fuente de conocimiento más maravillosa. Si me cruzara con Benedict Cumberbatch por la calle, además de pedirle una foto cara a cara (como a él le gusta), le cantaría esa conocida frase de; no digas nunca de esta agua no beberé. Que en inglés palaceño será un; “never say I won’t drink of this water” o algo así. Y es que las últimas y desafortunadas declaraciones del actor de Sherlock no han dejado a nadie indiferente. En ellas afirmaba que tenía miedo de sus fans (que gloriosamente se han apodado las cumberbitches) y que le parece francamente patético que la gente le haga fotos destrangis. “Venid y pedidme una foto en condiciones”, afirmaba Cumberbatch. Debe ser que el actor no termina de adaptarse a la fama (y eso que arrasa por donde pasa) y el saber estar. Ahora estrena Parade’s End, la adaptación televisiva de la tetralogía literaria de Ford Madox Ford publicadas entre los años 1924 y 1928 en Inglaterra. Una revisión sobre la Primera Guerra Mundial y con claros tintes de Downton Abbey (me gustaría verle la cara a Cumberbatch cuando le encuentren las 7 diferencias con la serie de Fellowes, a la que el actor ha criticado duramente afirmando que era “una jodida atrocidad”) sobre la vida de Christopher Tietjens, interpretado por el mismo Cumberbatch, un brillante estadístico atrapado en un matrimonio que hace aguas y los sofocantes calentones de sus recatados líos de faldas.

Emitida el pasado 24 en BBC Two, la nueva serie de la cadena británica featuring la HBO, ha llegado por fin a los torrents de todo el mundo. Aunque sinceramente no esperaba con especial ilusión su adaptación televisiva (otra de tantas), lo cierto es que Parade’s End me despertó una curiosidad inmediata al leer el plot y su reparto de actores, encabezado por un recauchutado Benedict Cumberbatch y Rufus Sewell, sin duda alguna el plato fuerte que ha terminado por equilibrar la balanza. ¡Y menuda decepción! Aunque los aproximadamente 60 minutos de duración que se gasta el piloto se me pasaron más rápido que un cigarro en los labios de la madre de Paco León, lo cierto es que la nueva miniserie de Susanna White y escrita por Tom Stoppard me ha parecido un auténtico bluff. Para empezar, y que me perdonen los posibles fans de Ford que puedan haber en la sala y hayan leído las novelas, no sé hasta qué punto puede considerarse Parad’es End una serie en tanto que no hay trama por ningún sitio. ¿Qué quiere exactamente la mujer de Benedict, Sylvia Tietjens con tanta ida y venida de hombres entre sus piernas? ¿Por qué Benedict parece querer guardarle la ausencia a toda costa pese a ir más adornado que el padre de Bambie? ¿Puedo llevarme a Rufus Sewell para que absuelva mis pecados en la intimidad? Tantos interrogantes, y más si la serie parece sacada de un cuadro de Georges Pierre Seurat, no generan otra cosa más que desconfianza hacia un producto que apareció los primeros días en IMDb con un sonoro 4 y que con el paso del tiempo, no sólo la popular la ha llevado a rascar el notable, sino que varios periódicos de renombre de la isla como The Telegraph o The Guardian han recalcado su categoría de must. Quizás mi gusto se haya aburguesado con la calidad de Breaking Bad o incluso Downton Abbey (chúpate esa Cumberbatch), pero lo cierto es que si por mi fuera, no compraba Parade’s End ni en época de rebajas.

No obstante, vale la pena añadir que no todo en la serie de la BBC huele a gato encerrado. Al contrario, la fotografía, los decorados (creo que fueron rodados en la parte de atrás de la casa de los Grantham, o eso parece), el vestuario o la puesta en escena, son de un gusto exquisito y quizás uno de los principales reclamos para todos los fans de la época que deseen deleitarse con la magnificencia y la elegancia de aquellos tiempos. Y en especial la de Rufus Sewell, un actor que ha sido vapuleado en incontables ocasiones y que demuestra en Parade’s End la sobrada experiencia y calidad interpretativa que se gasta el británico. Interpretando a un lascivo reverendo (ese “Detecto la palidez de la masturbación” es glorioso), al actor de Zen o Eleventh Hour le bastan cinco minutos en escena para comerse al resto de actores de la sala con patatas y salsa brava. Por mucho que Cumberbatch ponga esa cara de malote que tanto le gusta y recolecte comida para el invierno venidero, su interpretación (por encima del resto, eso sí) no sirve para compensar la teatralidad de Sewell o la de su mujer, una desinhibida Rebecca Hall. Vale la pena decir que no pega ni con cola con Cumberbatch, pero imagino que nunca llueve a gusto de todos. Pero más allá de la credibilidad del reparto, lo cierto es que Parade’s End engancha. No sabes qué estás viendo pero te gusta perderte, dejarte llevar en una historia que sabes que no conduce a ningún sitio. Quizás no tanto como The Hollow Crown, la también adaptación de la tetralogía de William Shakespeare sobre la historia de Enrique VI, IV, V y VIII por parte de la BBC y que tiene como protagonista a David Bradley, Richard Bremmer y Daniel Boyd, entre otros. Es la nueva saga de los guilty pleasures que tan fuerte lo está petando este año y que comenzó con The River o Ringer, por poner algunos ejemplos. Quizás por ello se haya ganado el beneplácito de la crítica, de los rátings no puedo apuntar aún nada, porque sino no lo entiendo. Muchas series han demostrado sobradamente que con una silla y un par de actores se puede hacer televisión y encima de primerísima calidad, pero hay productoras que siguen obcecadas en que cuanto más mejor. El despliegue económico, de reparto y mediático de la nueva miniserie de la BBC está muy bien, ¿pero realmente es necesario?

Supongo que como todo, habrá defensores y detractores de la adaptación literaria como un nuevo género televisivo pero esta vez, lamentablemente, no estoy de acuerdo. Es evidente que muchas veces es necesario tirar de biblioteca para buscar ideas y mantener la máquina de producción en marcha, pero este tipo de series demuestran que los medios y el dinero no lo son todo. ¿Época de decadencia? Quizás si, pero el principal defecto del que pueda pecar Parade’s End, como bien afirmaba el crítico de The Telegraph James Walton, es de ser ambiciosa. Quizás demasiado. Y es por ello que al intentar abarcar tanto en tan poco tiempo, se queda a medio coser. No llegamos a conocer bien a los personajes y si nos sentimos atraídos por Cumberbatch (sigo preguntándome donde dejó su acento), es meramente porque sigue siendo Sherlock Holmes y poco más. Es evidente que será necesario seguir la evolución de la serie con más detenimiento, pero hasta la fecha sólo podemos verle taras a un producto que debería centrarse más en la intimidad de los personajes y no en la ornamentación de sus decorados.

Lo mejor: Rufus Sewell parafraseando a The Swede de Hell on Wheels.

Lo peor: la trama no tienes por donde cogerla.

Tiene una retirada a: Downton Abbey.

Primera impresión: 6/10

‘The River’: los vestigios de ‘The Blair Witch Project’

Bestia. Ambivalente. Raeliana. Visualmente despreocupada. Naïf. Estos son algunos de los adjetivos que bien podrían servir para definir la nueva serie de la ABC, The River. Asfixiada en la necesidad de producir terror y suspense a partes iguales, Michael R. Perry (Persons Unknown) y Oren Peli (Paranormal Activity), firman un guión caótico. Enegrecido por una fotografía que parece únicamente concebida para disimular las constantes taras que posee la serie y embaucar al espectador con un suspense de andar por casa; ¿qué demonios está pasando en la selva? Encabezada por el canadiense Bruce Greenwood (I Robot), The River persigue a un grupo de aventureros que deciden seguir el rastro de Emmet Cole, un ávido reportero al més puro estilo Steve Irwin, que un buen día desaparece en el corazón del Amazonas sin dejar rastro. Aunque en varias ocasiones son numerosos los dispositivos de búsqueda que se ponen en marcha para dar con el popular comunicador, cuatro meses después las autoridades locales deciden darle por muerto. Es entonces cuando Tess y su hijo Lincoln, llevarán a cabo la expedición más bizarra y surrealista que jamás hayan visto las vírgenes aguas del río Amazonas.

The River es un producto ambivalente. Es decir, puedes creértelo o no. A la serie tanto le da. De hecho, creo que precisamente su encanto reside ahí. En la difuminada línea que se dibuja entre el kitsch y la más pura genialidad. Aunque no es oro todo lo que reluce si tenemos en cuenta que The River no ha inventado nada nuevo. ¡Ni mucho menos! Tomando como punto de partida uno de sus referentes más directos como es The Blair Witch Project (1999), la serie de Perry y Peli busca, a su manera, convertirse también en el fiel testigo de una hazaña que teóricamente es real. Cámara al hombro nos sumergimos en el Gran Hermano, la vida en directo, la inmediatez. Esa necesidad tan postmoderna de registrar tanto visual como auditivamente cualquier hecho para dar constancia de él. Tess (Leslie Hope, 24) y Lincoln (Joe Anderson, Control) son víctimas de ello. Venden su alma al diablo para encontrar a Emmet, dejando así paso a que las cámaras puedan campar a sus anchas por sus vidas privadas. Porque está claro que los líos de familia y los misterios sobre desapariciones sin resolver son un codicioso material para cualquier productora que se precie. Lo que no saben es que la maldición que está a punto de caer sobre ellos es mucho mayor que cualquier chismorreo contado tras la lente de una cámara.

Precisamente en este nuevo marco de experimentación sociológica sobre el comportamiento humano tienen bastante experiencia Perry y Peli. Ambos creadores, que ya trabajaron juntos con anterioridad en proyectos como Paranormal Activity, realizan una inmersión en la moral, la redención y la espiritualidad a través de algo tan puro y costumbrista como es la naturaleza y la fuerte atracción que puede tener sobre el hombre. Todo ello de la mano de un grupo de dispares navegantes, que bien podrían representar algunos estereotipos de la sociedad actual, cuyos propios miedos y fantasmas les llevan acosando desde que partieron en busca del desdichado Emmet Cole. La selva no es el enemigo, son ellos mismos. Son los protagonistas de The River los que destapan las amenazas adormiladas en el corazón del Amazonas a través de sus imprudentes actos, muchas veces castigados con torturas físicas y psicológicas como es el caso del capítulo Los Ciegos, en el que uno por uno los tripulantes del Magnus van perdiendo la visión. Pero lo tanto, y tal y como hemos hemos comentado anteriormente, The River puede verse como un mero homenaje al popular mockumentary, que ya comenzó a utilizarse en los 90 a través de The Blair Witch Project y más recientemente con películas como Rec, Paranormal Activity o Monstruoso, o simplemente la historia de un grupo de personas que se redimen en un paraje tan anodino como pueda ser la selva. La decisión recae en el espectador y The River sólo ofrece las herramientas necesarias para ello.

Quizás el único punto fuerte de The River, como ya sucediera en Persons Unknown y Paranormal Activity, es su realización. Una cuidada puesta en escena que carga sobre sus hombros todo el peso del suspense, representando así y de manera fiel y directa la premisa que durante muchos años mantuvo en pleno apogeo el género de terror: sólo provoca pavor aquello que no vemos o conocemos. Y ahí reside la astucia de los creadores de la serie, en intentar convencernos de las más improbables y absurdas profecías que encierra la madre naturaleza. Como por ejemplo la de “El Colgado” una maldición según la cual aquel que reciba un naipe con dicho símbolo deberá sucumbir ahorcado en la selva para el resto de sus días. The River es eso y el espectador debe tenerlo presente antes de visionar la serie. Por dichas razones, la serie de la ABC tiene también los días contados. No sólo por el flojo guión que resguarda la fotografía y una realización de infarto, sino porque un producto de este formato no tiene sentido en pleno siglo XXI. Nadie se traga que la expedición que va en busca de Emmet Cole haya muerto en el proceso. Algo parecido sucedió con The Blair Witch Project en 1999, con la diferencia de que no había posibilidad en el momento en el que se estrenó la película, de comprobar si los hechos rodados eran ciertos. Nadie conocida a Heather o a Josh, ni tampoco si realmente habían desaparecido en los bosques de Maryland. Y es ahí donde recaía el terror, en la posibilidad de que aquellos terribles incidentes hubieran tenido lugar. Eso con The River es imposible y como la serie lo sabe, se agarra con fuerza a los bruscos movimientos de cámara, a los ahogados gritos de los protagonistas intentando salvar su vida o un auténtico melting point de todo tipo de fantasmágoricas criaturas, muy recurrentes en el género de terror.

The River es una mala serie, pero dentro de lo que ha parido hasta la fecha 2012 es meramente interesante. A título personal podría considerarlo un guilty pleasure que hace tiempo que buscaba suplir al terminar por novena vez Dr. Quinn Medicine Woman, y que no pasará de una temporada. Y en parte es así como debe ser. No encontraría lógica que la ABC decidiera alargar una trama tan floja como la que sostiene la serie hasta la fecha y tampoco creo que los índices de audiencia den pie a ello. Por lo tanto, The River debe pasar como un producto anacrónico, que tendría que haberse estrenado años atrás, de la mano de The Blair Witch Project y provocar ese verdadero pavor que en realidad es capaz de provocar.

Lo mejor: la capacidad que tiene la serie de reinventarse en cada capítulo

Lo peor: un guión flojo y previsible

Tiene una retirada a: Paranormal Activity, Persons Unknown y The Blair Witch Project

Primera impresión: 5/10

‘Awake’: los azules ojos de Jason Isaacs

“So tell me how this works.
I don’t know. I close my eyes, I open it the same as you.
Let’s just star from the beggining.
No, let’s started right now”.

Awake asusta. Pocas series han logrado despertar en mi esa sensación tan maniqueísta de estar ante algo que puede ser realmente brillante o un producto fruto de una mera ida de olla de un grupo de guionistas colocados. La nueva serie de la NBC, que ya despertó interés a raíz de sus múltiples problemas de producción y de posible aceptación entre el público, fue filtrada a mediados de semana por la misma cadena, tanto en su página web como en la cuenta oficial de Youtube. Y todo a un mes de su estreno. Una fecha que a Awake, le había costado conseguir. Y sólo por ese esfuerzo, ya valía la pena ver el piloto con otros ojos.

Awake (despierto en inglés), no es más que el eterno luto de un hombre herido. Atrapado en una realidad alternativa tras la muerte de su mujer y su hijo en un brutal accidente de tráfico del que él mismo si consigue sobrevivir. Todo lo que más quería le ha sido arrebatado y Michael Britten, un obstinado detective del cuerpo de policía, parece haberse sumido en un profundo letargo atemporal. Una pesadilla. Un sueño complejo y traicionero, que parece jugar con él cuando se queda dormido en los brazos de su mujer o contempla emocionado como su hijo gana el último punto de partido. Dos líneas paralelas; una en la que su mujer está viva y en la otra es su hijo. Y es entonces, cuando parece que todo se vuelve caótico, cuando nos sumergimos en los pensamientos que Michael balbucea confuso a sus psicólogos (uno por cada línea temporal) que deben decidir si puede o no volver a llevar una vida normal. Pero ya nada es normal para Michael. Ahora no.

A nivel de realización, Awake es simplemente una obra de arte. Sencilla, exquisita y contenida. Utilizando todas las texturas que el color puede ofrecer para conformar un estilo visual con carácter, que guía al espectador entre una realidad y otra. Amarillos y verdes para el mundo de Michael con su mujer y azules y grises para el de su hijo. Todo encaja en una harmonía sellada con elegantes fundidos a negro y breves pinceladas de música extradiegética que juegan a envolver la escena, pero sin entorpecerla.

Quizás Awake peca de simplista. De tomar al espectador como un ser unineuronal incapaz de utilizar las herramientas que le ofrece la serie por si misma y sin necesidad de añadir detalles como el de la pulsera verde o roja en cada realidad. A diferencia de lo que sucede en series de ciencia ficción como Lost o Fringe, creo que el seguidor de Awake no debe intentar entender físicamente la escisión temporal que produjo el accidente, sino empatizar con un hombre que sufre. Un hombre asustado por ver que su vida es un despropósito y lo único que puede hacer él es saltar de un lado a otro como un funambulista. Probablemente lo que más temía la NBC era esto. Que el espectador recriminase a Kyle Killen, una explicación racional a algo tan costumbrista como es la pérdida emocional de un ser humano.

Esta no es la primera vez que Kylen Killen, creador de Awake, experimenta con la doble realidad. El ying y el yang. Ya en 2010 intentó narrar algo parecido con Lone Star, una serie producida por FOX que giraba alrededor de la doble vida que llevaba Bob Allen, un magnate del petróleo, entre su adinerada mujer y su atractiva novia. No sé si por la poca respuesta de la audiencia o la frivolidad con la que Killen trató el tema, pero lo cierto es que Lone Star acabó siendo un fracaso de temporada y fue cancelada a los pocos episodios. No obstante, parece que Killen ha aprendido de ese error y enfoca Awake con la misma dualidad, pero con más cuerpo y madurez. Se nota que posee las llaves que encierra la trama, pero considero que aún le queda bastante por pulir para que Awake pueda brillar con toda la fuerza que alberga en su interior. Y parte de esa responsabilidad reace en Jason Isaacs. Protagonista indiscutible de una serie que no le deja, literalmente, ni una escena de suspiro. A si como en Case Histories se desenvuelve como pez en el agua en un papel que no es el suyo, ya afirmó en una entrevista que no le gustaría dar vida a un detective, en Awake parece contenido, como incómodo. No parece sentir, ni tampoco querer hacerlo. No sé si debería echarle una maldición gitana al director o simplemente que no cree en el proyecto, pero lo cierto es que sólo he visto al auténtico Jason en pocos planos. Ante todo, Awake es un drama intimista y sentimental. Movido únicamente por el lado más sensible de Michael, que es lo que mantiene ambas realidades vivas. En el momento en que Michael pueda superar el trauma, la serie dejará de tener sentido. Pero necesitamos sentimientos. Necesitamos a un Jason que sé que existe, porque ya lo he visto en otras ocasiones llenar la pantalla con su mera presencia.

A la pregunta de qué nos deparará Awake, creo que hay una difícil respuesta. Es de esas series que no puedes juzgar tras un simple vistazo. Tendremos que esperar a ver cómo se desarrolla la trama en el segundo episodio y durante el resto de la temporada, pero el piloto ya ha apuntalado correctamente los pilares de lo que será la tónica general de la serie. Considero que perdernos en ella es posible, tan sólo debemos dejarnos guiar por una puesta en escena que aún no es del todo creíble y los azules ojos de Jason Isaacs.

Lo mejor: la realización y la presencia de Isaacs

Lo peor: faltan muchos detalles por pulir

Tiene una retirada a:

Primera impresión: 7,0/10

JoAnna Garcia confirma su fichaje por la CBS

Garcia coincidirá con Greg Marlins en la nueva comedia de la CBS

Atiborrados de comedias insulsas, las cadenas no parecen querer desembarazarse de ese guilty pleasure que es fabricar mierda a destajo. Y encima, disfrutan más que un tonto con un lápiz. Si en la última entrada confirmábamos que Sarah Chalke fichaba por la nueva comedia de la ABC tras su fiasco con Mad Love, ahora es JoAnna Garcia (que también hizo lo propio en Better With You) quien confirma los rumores que la vinculaban con la CBS.

La actriz de Gossip Girl es el nuevo refuerzo para la comedia que está desarrollando la cadena junto a Greg Berlanti y Greg Marlins (productor y co-showruner de Better With You) y que todavía no tiene nombre confirmado. En ella Garcia interpretará a Wendy, la mejor amiga y compañera de trabajo del protagonista Nick, que tendrá que enfrentarse a ella tras descubrir que padece un grave problema de salud.

Sarah Chalke volverá probará suerte en la ABC

La actriz de Scrubs ha fichado por la nueva comedia de la ABC 

Tras el final de Scrubs, Sarah Chalke ha estado buscando pacientemente su lugar en la pequeña pantalla. El pasado año probó suerte como dobladora en varios proyectos, entre ellos el cortometraje de animación navideño dirigido por Kevin Deters y Stevie Skelton, Prep & Landing Stocking Stuffer: Operation: Secret Santa y en la serie de animación de la FOX, American Dad.

No obstante, no fue hasta finales de año cuando le llegaría la oportunidad de volver a interpretar a la protagonista de una nueva comedia. Se trataba de Mad Love, un patillero wannabe de How I Met Your Mother, que no pasó de la primera temporada.

Ahora, un año después, la actriz canadiense se embarca en How to Live With Your Parents for The Rest of Your Life, el nuevo proyecto de la ABC y firmado por Claudia Lonow. En él Chalke dará vida a una joven divorciada que vuelve a casa de sus excéntricos padres, tras su fracaso matrimonial. Esta no es la primera vez que la cadena intenta recolocar a la descarriada actriz, en 2010 dio luz verde a la comedia Freshman, una serie protagonizada por Chalke y que jamás sería emitida.

[Sneak Peek] Ricky Martin en ‘Glee’

Nos gusta Glee. De verdad de la buena. Pero de vez en cuando la serie de Ryan Murphy se marca unos guest stars bastante bizarros. Es el caso del puertorriqueño Ricky Martin, último ejemplo de que todo tiene cabida en esta comedia, y que aparecerá en esta misma temporada (7 de febrero) dando vida a un profesor de español. El sneak peek no ha tardado en filtrarse por la red. En él vemos a un Ricky desfasado, dándolo todo y moviendo las caderas como si no hubiera un mañana.

Ken Leung regresa a la pequeña pantalla después de ‘Lost’

El actor participará en el próximo proyecto de Sarah Silverman en la NBC

Tras el capítulo final de Lost en el que el ojo de Jack se cerraba para siempre, pocos han sido capaces de desembarazarse de la pesada losa que suponía haber participado en la serie de la ABC y comenzar a hacer carrera. Del resto ni mu. Ahora, un par de años más tarde y con las aguas todavía volviendo a su cauce, el resto del reparto comienza a mover ficha.

Ken Leung, que daba vida a Miles, ha fichado por el nuevo proyecto de la NBC, Untitled Sarah Silverman Project. De caracter autobiográfico, la comedia creada por la propia Silverman narrará sus experiencias en la vida tras una larga relación sentimental de diez años. Leung dará vida a un vecino que se pasa el día tumbado en el sofá bajo una manta y viendo la televisión, en el que Silverman tendrá un cierto interés romántico. El actor se suma así al resto del reparto formado por Tig Notaro, Harris Wittels y June Diane Raphael.